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Sin título

Un café a media tarde, un abrigo, el silencio.
Ya no siento el frio de aquellas madrugadas teleras donde mi cuerpo temblaba
Manchaba mis interiores con semen.
Mi conciencia con ausencia.

Sus falanges rodean mi cuello. Su tacón se posa sobre mi cráneo.
Quiero pagar por mis faltas ante esta diosa pagana, que me mira y desgarra.
Mi altar está dentro de sus carnes, rodeada por piel, músculos, tendones.

Su alto voltaje me recorre las vertebras.
Siento su mano acariciándome los muslos,
ahora ella es presa de mis fémures.

Susurraré una confesión ante su oido.
Mi esqueleto vibra, triunfa sobre la gravedad.

Arrima mi sacro hacia su pelvis, blanqueo los ojos.
Ya no queda nada de mi ser, era yo hasta ayer.

Se aferra a mi espalda,
un par de blanduras carnosas me separan de sus costillas.
Veo llegar mi penitencia.
Mis rótulas muerden el suelo para recibir su sentencia.

Muerde mi isquion rodeado de músculos, carnes sedientas.
¿No ve mi señora, que mi piel está hecha escamas?
¿Ansiosa de fluidos? ¿Ansiosa de fluir?

¿Mi señora quiere mas o es suficiente?
Ahora mi pelvis ha recibido el premio de sus humedades, me baña con sus besos.
Mi esternón siente su iliaco. Mi lengua está cerca de su coxis.
Y eso me purifica.

Se trenza con el despojo de mis carnes.
Radios, cúbitos, tibias, peronés,
desperdigadas en el piso.
Como nuestra ropa.

Depilación

Uno a uno, despacito y con mucha maldad. Si, sabes que asi me gusta.

Mis pelos rojos de sangre, rubios algunos de tanto mirar el sol, grises los otros de tanto penar, fueron cayendo al suelo de marmol helado.

Mis pies se helaban, el viento soplaba por las ventanas abiertas.

Las cortinas emitian un ruido fantasmal.

Terminaste con los pelos de mi cabeza, las axilas, los bigotes. Ahora llegamos al vello púbico.

Recuerdo que fue ayer que preparamos este escenario, dejaste crecer tus uñas para que hicieran las veces de tenazas candentes sobre mi piel. Tus dedos son brasas sobre mi cuerpo.

Y ahora con tus uñas afiladas y mugrosas arrancas de mi toda vellosidad existente. He quedado mas desnuda que nunca, desnuda y expuesta a tu voluntad.

Uno por uno arrancas de mi pelvis el vello púbico que tanto me costó hacer crecer. Años de pubertad parada frente al espejo, esperando, esperando, cuando del cielo bajen mis alas de angel y mis pelos de mujer.

Ahora nos aventamos al suelo, con tu cuerpo de porfiado y tu sabor a mar me presionas contra el marmol helado. Me duele, me congela, me gusta.

Círculos, esferas sublimes.

Me gustan, pero cuando son de tu lengua.

Ella I

Se volteo asi, mientras me arrodillaba en el piso y los mocos se me chorreaban en la camisa. No existía la vergüenza por colocarme en esa situación infantil y vulnerable.

Tenía su trasero a la altura de mi cabeza cuando creo que murmuré “por favor no”. Ella se detuvo en seco. Creo que recién se ahí se dio cuenta de mi estado lamentable.

Ella nunca fue cruel, nunca fue una “maldita” a pesar que mis sentimientos heridos me susurran esa palabrita en el oido.

Sin embargo, al voltear y verme de cuclillas, hecho un mar de mocos, los ojos vidriosos, el pelo desgreñado, pasó por su cara una leve sonrisa que disimuló bajando la cabeza, un acto de contrición.

Un falso sentimiento de culpa para disfrazar su posición de poder sobre mi, el orgullo inconsciente de quien es colocado en un altar, aunque luego no sepa bien que hacer ahí.

Pequeña como era me levantó en peso y de un tirón me puso de pie. Me secó los mocos y me acunó en su pecho. ¿Era mi madre o la mujer que me estaba expectorando de su vida?

Sacó una teta para que la chupara. Era una teta de color lechoso, color carne tierna. Se me presentó un pezón color rosa con pequeñas pecas marrones. Cuando lo tuve frente a mi supe que nunca antes nadie había bebido las leches untuosas que ese pezón manaba.

Rios de leche surcaron por mi boca, y bebí, bebí hasta que era parte de la corriente blancuzca de su leche, recordé el momento preciso en que derramé mi propia leche sobre su boca, pude ver claramente su gesto de repulsión y cómo escupió con asco mi leche en el piso.

Mamaba de ti mientras me entretenía con estos pensamientos cuando derrepente tu pezón sabroso fue empequeñeciendo hasta desaparecer. Pronto me miraste y ante mi estaba tu rostro de muñeca con un pecho plano, frio, unas tetillas minúsculas de hombre reemplazaron esos senos turgentes que chupé hasta la saciedad hace tan solo unos minutos.

Entonces te diste la vuelta y te fuiste, y supe que esta vez ni mi sed de tu leche, ni mis mocos, ni mis pelos greñudos harían que volvieras la mirada hacia mi.

Derrepente fui un piadoso postrado ante un altar vacio.

Y ella era solo un fluido que corría por mi esófago, mi estómago…un proceso digestivo cotidiano al que finalmente le diría adios luego de presionar la palanca del inodoro.

Nunca más volví a verte, pero aún tengo en mis labios el sabor de tu leche.

Me pregunto si tu tendrás en los tuyos el sabor de la mía.

Nuclear

No corrompas la pureza si después de evaporarla das la espalda sin voltear.
No me des la miel de tus labios si después vas a dejar una estela de viento

tras tus pasos.

No me sonrias
No me toques
No sacudas mi mundo

Si mas alla de tus palabras solo existe el vacio.

Recuerdo que no era virgen entonces. Mirándolo en retrospectiva, no se por que escribo estas palabras si no podrán ser narrativamente interesantes. Todos ya saben el final, todos ya saben que escribo por que me pesa tu ausencia.

Mi himen ya habia sido desflorado pero no mi mente. Eso lo logré luego de abrirme a nuevas experiencias, a nuevas personas. Miles de hombres y mujeres a quienes dije “te amo”, les abrí las piernas, un par de chupadas y adiós.

Y aqui estoy entonces, mirando esa puerta con ansiedad, rogando que aún conserves nuestra llave. Resucitando mi depresión aunque se que ese es un incendio que nunca pudiste (o quisiste, o ni te interesó tal vez, a la mierda) apagar.

Nuestro embrollo amoroso fluyó como fluyen los tsunamis cuando arrasan con todo a su paso. No miramos atrás para contar los cadáveres, nisiquiera aunque intuía que uno de esos muertos (rígidos, plomizos, ausentes) podía ser yo. O parte de mi.

Solo supe que estaba viva cuando te me desnudaste. Cuando me penetraste a la luz de las farolas en una calle húmeda, invierno limeño. A pesar de lo ebria y relajada que estaba, mis huesos crepitaron en la oscuridad y por primera vez sentí el dolor sexual nacer en mi.

Ya no era virgen, por segunda vez.

Miro la puerta y tengo miedo que seas tu, pero a la vez ansío encontrar tu mirada en otro lugar que no sean mis pensamientos.

Deslizo mis manos por mi rostro y encuentro tu olor hasta en el jabón del baño. Soy una mutante nocturna que busca siquiera una celula muerta que me haga sentir tu presencia.

Ya no me dueles.

Entonces supe, aunque no me di cuenta, que era ese dolor lo que me hacía arrastrarme tras de ti. Correr a tu regazo con mi copa vacía para que la llenes con sangre, con mi sangre.

El regalo de tu presencia era como una llaga sangrante, una operación a corazón abierto donde te entregaba la ofrenda más valiosa que mis pobres huesos escondían, ese músculo inerte que solo latía cuando incrustabas las pequeñas dagas de tu mirada.

Era feliz por que me dolías con tu presencia.

Y entonces, cuando ya creía que había encontrado la felicidad en tus dolores, desapareciste.

No más penetraciones salvajes, no más insanía en mi centro de gravedad, no más dependencia nerviosa, dolorosa, jadeante.

Sin piso, sin dolor, sin núcleo, sin centro. Soy la muñeca rota abandonada en el ático, la palabra nunca dicha, ya no me dueles y nunca pensé atarme tanto a ese pedazo de carne que entraba y salía de mi como una aguja cosiendo una herida que aún no cierra.

Todo lo que me queda son estas palabras al viento. Tu ausencia en mi cama representa mi ausencia terrenal.

Recuerdo que no era virgen entonces, ahora estoy poblada de orificios negros donde cualquier mortal puede clavar su bandera, su pene, su glande, su vagina, su cerebro.

Solo habita en mi esa noche de Piazolla y vino donde descubri  el secreto de tu mirada.

Pero es un recuerdo que se extingue.

Como yo.

Imbunche

…por que el alma prende fuego cuando deja de amar
Lhasa de Zela

Engendro malformado parido desde lo más profundo del vientre de tu puta madre.

No veo, no siento, no miro y en mi espalda pesa mi pierna y mi tacón. Me falta un apoyo y un cerebro. Haciendo malabares me la ingenié para ponerme unas pantimedias color cholo pink, y para que tu me mires.

Hoy te asomaste fuera de tu cueva, pusiste un foco rojo para alumbrarle el camino. Te sentaste a esperar.

Y esperaste.

Y esperaste.

Tu esperanza estaba aguardando ver nacer una erección entre sus piernas para correr a tus brazos.

Ahora sí.

No veo, no hablo, no oigo, no creo. Solo entre mi contrahechura reservo un agujero negro que espera tu tibieza, ese humor verdoso que sale de ti. Si metes la mano entre mis entrañas te será más facil conseguir de mí tu placer, te guiaré entre la oscuridad antes que te pase la calentura, antes que tu estaca se convierta en lluvia.

Mis labios están sellados con hilos de bordar. Mi mami los cosió bordando mariposas rosas que embellecen mi rostro tan gastado de mirarme al espejo. Soy bonita, me repito escondida entre los basurales, soy bonita, soy bonita, y te espero.

No valgo nada, pero si tu me tocas es por algo, algo tendré que valer, por algo se te para no, jiji.

Y ahora soy tu premio de consolación, la que te arrima los ojitos bordados y empapela ciudades con tu rostro, la que necesita tu mano para salir de la cueva, la que vale una miseria menos de lo miserable con tu respiro al costado de mi hombro.

Soy la cloaca que te da de beber, la carroña que sacia tu hambre, el precipicio que te da un soporte.

Soy el mounstro dorado que persigues a ciegas, prometo bordar mariposas en la venda que cubre tus ojos. Prometo engañarnos juntos para simular que soy tu sueño hecho realidad, el cuerpo putrefacto que da forma a una ilusión que no eres capaz de sostener.

Y es que tu tampoco podrás llegar a la estación de los sueños mientras un pesario amarre tus testículos a la tierra.

Y es por eso que estoy aquí, contigo.

Tiempo

Para pedir que te quedes.
Para pedir que te vayas, pero que regreses.
Para meterme el dedo a la garganta y vomitar.

Tiempo para que me estrelles contra la pared y me violes a cachetada limpia. Tiempo me arrastraré hasta tu cueva de rodillas por perseguir tus labios cosidos con hilo de pescar.

Para aullar de dolor cuando me asfixio con mis propias manos, para arrastrarme por el piso bailando como serpiente aunque recoja todo el polvo de la calle.

Tiempo me estoy acercando a ti adoptando una pose. Mis enseñanzas infantiles se me fueron por un colador. Estoy dispuesta a bajarte la bragueta si me regalas tu miel.

Tiempo para ser niña de nuevo, para capturar mi aquí en el ahora y nunca más perderme de mi.

Quiero que me regales tu tiempo para decirte adios cuando debi hacerlo, para encontrar el rincon de mis intestinos donde hiciste tu casa.

Tiempo para observar mi piel y mi cuerpo, identificar cada pelo, cada lunar de carne, cada rayo de sol que curtió mi cerebro y mi carne.

Tiempo para ponerme un vestido de lentejuelas y pintarme los labios de rojo, para abrazar un oso de felpa y llorar recordando lo que nunca viví.

Dame un poco más para no arrepentirme mañana de vivir mi ansiedad, una burbuja en medio de lo intangible donde pueda depositar esta insania sin que carcoma mi paz.

Tiempo te estoy tomando de los brazos para meter mi lengua hasta tu garganta. Quiero que sientas mi sabor y que mañana cuando estas líneas sean una utopia, extrañes mi presencia en tu cuerpo.

Tiempo para gritar, para brillar y dejarme alzar por el viento, para quebrarme como un caramelo y pisotear mis propias esquirlas.

Tiempo para seducir al tiempo, hacerme su amante incondicional, su puta permanente, la que le estruja el trasero caminando por la vereda, la que le abre las piernas por un poco de bondad.

Tiempo para dejar de temblar.

Caí

Frente a frente en una mesa de café. Pero hay una botella de vino de por medio. Conversábamos de perversiones y trivialidades, consumiendo la tarde mientras miramos consumirse los cigarrillos en nuestros ceniceros.

Siempre pedimos todo por separado, hasta los ceniceros. Individualidad o autonomía que le dicen. O simplemente el placer de separar lo tuyo con lo tuyo y lo mio con lo mio para en una noche endiablada juntarlo todo como un vómito de confetti.

Te miro a los ojos torciendo la mirada para fingir misterio, adoptar una pose que termine por dibujarme a mi misma y ante ti como una diosa misteriosa, un ser de otro planeta que atravesó el cielo y puso los pies en la tierra luego de flotar una eternidad con un paraguas rosa.

(Me gusta dibujarme, borrarme con una mota y dibujarme de nuevo mientras miro caer el polvillo de las tizas de colores).

– Pequeña princesa, dime qué es lo más retorcido y doloroso que has hecho. Tan retorcido y doloroso que cuando buceas dentro de tí te produce placer.

(Tambien me encanta bucear dentro de mi. ¿Me dejas bucear en tu torrente sanguíneo?)

Miras hacia arriba dibujando circulitos con tus pupilas, como si escanearas tu cerebro buscando la respuesta que alimente la hoguera de nuestra atmósfera.

Esta noche.

– Una vez me puse un piercing en lo más profundo de mi vientre, un arete maldito.
– ¿Ah si?
– Si.

Me veia a mi misma metiendo la manito hasta palpar la agudeza e imaginaba el brillo de tu arete maldito.

– Y que haces ahora con ese piercing, qué fue de el, qué le pasó.

Metí mi mano por mi vagina hasta llegar a mi cerebro, no encontré nada interesante pero sentí un vacío en medio de mi carne, como si todo el espacio que llenaba mi ser tuviera una presencia física pero invisible a la vez. Intangible, impalpable, inservible, o al menos en ese entonces lo creí asi.

Y miraba a la vez tu sonrisa llena de esperanza, quería llenar esa noche solitaria con el viento. Y el viento me trajo tu presencia. El viento traia ojos, hojas, sonrisas, miradas, pero extendí las manos como cuando atrapas moscas. Y te atrapé a ti. O nos atrapamos. Era sofocante pero no nos podíamos soltar y seguimos flotando en el aire. Suspendidos.

Bajé hasta mi punto de placer y había un moco de dolor tapando mi hedonismo. Froté hasta sentirme sensible por encima de esa capa verde y espesa. Y estaba bien, o al menos hasta ese entonces lo creí así.

Te soplé el cabello por que me gustaba ver tu cabello volar. Parecían ondas marinas de agua sucia moviendose al ritmo de una música que yo inventé, una tonadita infantil que adorné con florecitas y sonrisas adolescentes.

Y ahora estoy atrapada en esa tonadilla repetitiva, y la alimento de ansiedad por ver detrás de ti y delante. Tengo un arete en la mano y pincha tan fuerte, tan rico y tan intensamente que mis carnes sienten placer de tanto doler. El moco termina por ceder a la presión y la sonrisa dibuja nuestros labios.

Sangro pero me gusta por que es lo único que siento y me hace sentir viva. Sangro por placer y eso me produce todos los orgasmos que tus limitaciones físicas no me permiten.

Estoy lisiada pero me tiendo al sol para que la sal de la brisa seque mis heridas aunque el humo negro de tu insanía infecta mis heridas. Pero aunque me gangrene toda puedo llevar una punzada en mis carnes por que mientras más enferma de ti me siento, más de tu humor y tu olor a muñeca guardada tengo dentro de mi.

Eres la carta cerrada que no quiero abrir y llevo todos los días de mi vida como un amuleto, el pañuelo perfumado manchado con sangre que entrega una doncella desvirgada a quien le robó su pureza, ese que huele a semen y sudor, al humor que crean dos que se besan y se tocan.

Y con nuestra atmosfera caminando por el punto máximo del climax me clavas una lanza escondida entre tus pestañas cubiertas de rimmel. Dont touch me, dont touch me, me dice la intuicion que debes detenerte para dejar que el placer se desvanezca y llegue la calma.

Dejas tu cigarrillo en la mesa, sobre tu cenicero, y te levantas. Veo tu falda con vuelitos mientras las estrellas a mi alrededor respiran tu perfume mezclado con humo. Me envuelvo en mi misma otra vez. Universos plateados e infinitos rodean mi mente y estoy tan embelesada en el momento que no puedo pedirte que te detengas, vuelvas sobre tus pasos y te quedes conmigo.

En este momento prefiero envolverme en mis carnes antes que tenerte presente. Siempre tendremos nuestro piercing, ese grillete pesado que entorpece tus pasos pero nos hace felices.

Estoy tan perdida en tu aroma que no necesito tu presencia.

Espiral

Las piedras jamás, paloma…
¿qué van a saber de amores?

Ahora veo el cielo color menta, azul. Ha concluido el momento del climax y en mi mente tengo solo recuerdos confusos que me aislan.

Fuck me. Fuck me now

Me comprimo como una lata de cerveza apilada en el fondo de un tacho de basura, un destello de acrílico brillante dentro de un agujero negro.

Ahora solo queda el recuerdo de tu vagina mojadita, de tu compañia y el sabor a mutante que dejabas en mi cuerpo. El tuyo y el de todas las otras (si, hubieron otras). Ahora solo estoy de pie, desprovista de metaforas engañosas. Ya no tengo más regalos para ti, pero si quieres llévate mis ojos por que ya no me sirven.

Fuck me, fuck me now, youre so wet…

Ahora que estas lejos haré de la masturbacion mi instrumento del amor. Me frotaré contra las paredes de mis pensamientos una y otra vez hasta sentir placer, sé que será un orgasmo malsano, un cigarro sin tabaco, un delicioso instrumento de seducción que deja un vacío en el estómago, una sensación de llenura hueca. Un globo en el estómago a punto de desinflarse.

Make me come, make me come

Pero ahora que estas de espaldas a mi, déjame darme la vuelta para palpar a tiendas aunque sea el vapor que deja tu sombra. No necesito envolverme en tu recuerdo pero me alimento de el hasta saciar mi ansiedad. Quiereme por que estoy aprendiendo a quererme.

Please

Abrazame cuerpo, por que me estoy perdiendo.¿Donde estan todas mis sonrisas? ¿Cuantas veces más tendré que convertirme en espiral para volverme a parir?

Please, please stop

¿Cuantas miradas más tendré que cargar sobre mis espaldas para encontrar mi llanto?

Dont touch me.

¡Siempre, siempre!

Una mañana de invierno que parecía verano
destapaste el basurero y encontraste un tesoro.

Una noche de invierno que parecia primavera
desnudaste a la anciana mujer que se escapó del manicomio
y tenía unas tetas de diosa.

La madrugada solitaria en que llorabas de frio y soledad en tu cama
revolviste las sabanas y encontraste a tu hombre.

La suciedad no te permitia dar un paso más sin sentirte inmunda
pero cuando te aventaste de espaldas y te dejaste llevar
detrás de ti una piscina azul amortiguaba tu caida.

Te mirabas al espejo y no te acompañaba tu sombra
pero miraste bien y esos brazos que te abrazaban no eran los tuyos
eran de esa alma esquiva que te siguió hasta el hotel y no puede esperar para verte sin ropa.

Hoy miras a tu alrededor y solo ves arena marron
pero estas en la playa, detrás de la arena te espera el mar.
Detrás del mar te espera el horizonte
y detrás del horizonte, siempre, siempre te espera la esperanza.

Asi estan las cosas hoy

Por que no puedo capturar
un instante de felicidad
y vivir en el
para siempre.

Por que no puedo detener el tiempo
antes de abrirme las entrañas
con mis propias manos.

Por que tengo una pena en el cuerpo
una lagrima en el pecho
que no quiere salir
ni dejarme respirar.

Por que si es tan facil para mi
desollarme viva
comerme mis visceras crudas y beber mi propia sangre
no puedo abrir
mis propios brazos
y recibir.

Por que desprecio la realidad
y habito en mis pensamientos.

Por que me inyecto veneno en la sangre.

Por que no soporto el silencio
y tampoco puedo escuchar
una canción.

Por que me clavo agujas en los ojos
navajas en los oidos
sanguijuelas en las piernas
acido en el estomago
nicotina en los pulmones
antes de mirar
adentro de mi.

Por que me disparo en la sien
todos los dias de mi vida
y no me duele.
Y sigo caminando
con la sangre chorreando
y dejando un rastro
que ya nadie quiere seguir.